Microidea inicial para R.E.C. de esta semana. Sí, ya sé máximo 100 palabras. No me apetecía recortar, la verdad.
Hoy me he levantado tarde y el pie izquierdo no me quiere hacer ni caso. Yo por prudencia y por lo de no molestar lo he dejado durmiendo. Transportado por un momento a la infancia, me dirijo a la cocina jugando a la rayuela por el pasillo. Llego dispuesto a hacerme un café con leche. Ahí ha sido donde he descubierto con asombro, al intentar abrir el armario, que la mano izquierda tampoco responde. Con cautela y en silencio he decidido dejarla en el mármol para que despierte poco a poco.
Renqueando vuelvo hacia el baño para refrescarme la cara con la mano despierta y para el afeitado matutino de rigor. Compruebo atónito frente al espejo que tengo un ojo vago. Aunque desvíe la mirada buscando la espuma de afeitar, éste se queda clavado mirándose fijamente. Descarto la idea del afeitado por arriesgada y me tapo el ojo dormido con un improvisado parche a partir de tiritas.
Salgo al dormitorio y contemplo cual unicornio la desnudez de mi pareja aún dormida. Consciente que lo normal hubiera sido sentir una reacción autónoma en parte de mi cuerpo de forma inmediata, ya no me sorprende no sentirla. Así pues me desprendo del peso muerto y lo deposito delicadamente en la mesita. De su lado, claro está. Si despierta, pienso, y se anima …
Decido descansar en el salón y me pongo la tele para hacer tiempo. En el marco de realidad que me muestra el aparato aparece un rostro desfigurado, mutilado, casi cubista diría yo. Me cuesta identificarlo como el presidente del gobierno. Se encuentra flanqueado por un ejército de desmembrados cuerpos con rasgos ministeriales. Se dirige con voz titubeante en discurso oficial a la población para anunciar más recortes.
La mano del mando a distancia deja de responderme.